Natasha vio en mí no solo la lucha, sino a la persona que había detrás. No solo vio mis síntomas; vio mi fortaleza, incluso cuando yo no podía verla. En momentos en que sentía que no había esperanza, me tranquilizó diciéndome que lo superaríamos paso a paso, juntas. Con paciencia, compasión y una increíble capacidad para crear un espacio seguro tanto para la lucha como para el crecimiento, me ayudó a empezar a reconstruir mi relación conmigo misma.